Con ocasión del tiempo de Cuaresma, el Superior General de la Congregación de la Misión, padre Gregorio Gay, dirige un mensaje a toda la Familia Vicenciana en el mundo entero.

Miércoles de Ceniza, 17 de febrero de 2010

A todos los miembros de la Familia Vicenciana,

Te basta mi gracia, ya que mi fuerza se pone de manifiesto en la debilidad.

El tiempo de Cuaresma se abre de nuevo ante nosotros y, con el fin de ayudarnos como Familia Vicenciana a entrar más profundamente en este tiempo de gracia, les propongo la siguiente reflexión.

Después de la publicación de mi carta para Adviento, centrada principalmente en la paz como un aspecto importante de la vida cristiana, tuve un diálogo provechoso con una amiga a propósito de mi experiencia en América central como misionero. Esta amiga, muy comprometida con los pobres, se considera cristiana católica. Uno de sus rasgos característicos es el de estar a favor de la revolución, incluso la revolución armada, particularmente en y para los países en vías de desarrollo que luchan por su progreso en el mundo actual. Nuestra conversación, evidentemente, trató sobre el tema de la paz y de la no violencia. Mi postura es totalmente contraria a la revolución armada y más abierta a lo que considero como un enfoque evangélico de la revolución no violenta, la que propone Jesucristo a través de los diferentes ejemplos que nos da, de transformación de la sociedad, no por la fuerza sino por el amor.

 

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