POR LA SENDA DE LOS MISIONEROS
Breve Historia de los Padres Paúles en la isla de Cuba
P. Francisco Salinero, C.M.

Durante mis primeros años de sacerdote tuve la oportunidad de convivir con algunos padres recién llegados de Cuba a causa de la Revolución de 1959. Eran los PP. Ortiz de Zarate, Amador Méndez, Maestrojuán, Elósegui... Continuamente me hablaban con nostalgia de su Provincia de Cuba, especialmente de la Merced de La Habana. Cuando hace unos meses el P. Visitador de aquella Provincia me pidió acompañarles en el retiro anual, lo acepté con agrado para poder conocer aquella realidad. Luego, al final de los ejercicios espirituales, les prometí redactar una crónica del pasado y presente de aquella querida Provincia del Caribe que con tan bellas páginas ha enriquecido a esta revista de Anales. Para ello he tomado notas de la historia que el P. Justo Moro está concluyendo para celebrar el 150.° aniversario de la llegada de los paules a Cuba y que lleva el título de este artículo.
1.° RECORDANDO EL PASADO
Las primeras que llegaron a Cuba fueron las Hijas de la Caridad en 1847, acompañadas por los PP. Boch y Vila, que venían como directores espirituales y capellanes.
Pero la venida oficial se realizó en 1863, con ocasión de su expulsión de México. En un principio vivieron en una casa particular hasta que el Sr. Obispo les asignara una iglesia donde poder ejercer sus ministerios. Les ofreció tres conventos, de la época de la Desamortización de Mendizábal: San Agustín, Santo Domingo y la Merced. Optaron por esta última por su mayor capacidad. Pero el convento estaba sin concluir y con muchas carencias.
Pero la divina Providencia había elegido a la persona más adecuada para estas circunstancias: el P. Jerónimo Viladas, persona con gran capacidad organizativa y con grandes cualidades de persuasión ante los poderosos y, sobre todo, con la gente humilde.
En poco tiempo terminó la construcción del templo con el crucero, la cúpula, las capillas laterales y los altares. Después fue pintado con calidad y belleza, convirtiéndose así en la iglesia más hermosa de La Habana. Enseguida, los padres fueron congregando a la gente con su predicación constante y celebraciones atrayentes. De esta forma quedaban echados los cimientos para ser la Casa Provincial hasta el presente. Aquí nacieron las Damas de la Caridad, las Católicas Cubanas -un movimiento de jóvenes universitarias-, las Conferencias de San Vicente, de hombres y mujeres; los Caballeros de Colón, etc.
Y junto a estos movimientos apostólicos, las publicaciones como la revista La Milagrosa, Labora, para la educación de la mujer, y el Almanaque de la comunidad, tipo agenda eclesiástica, que ahora pertenece a la Conferencia Episcopal, para toda la isla. Impresiona la gran biblioteca, con más de 15.000 volúmenes, en estanterías de pura artesanía.
El P. Justo Moro, además, ha recogido en un pequeño museo toda la riqueza del templo de la Merced: imágenes, cuadros, casullas, cálices, relicarios, etc. Todo codificado y con su correspondiente fotografía.
Aquellos padres no se habían olvidado de su verdadera vocación vicenciana: «la evangelización de las gentes del campo». Empezaron por la isla de Los Pinos, para ir recorriendo, en años posteriores, todos los rincones de la isla. De aquí salían las «binas» que preparaban y acompañaban al Sr. Obispo en sus visitas pastorales. Y entre los grandes misioneros, como sería obligado citar a muchos, es mejor dejar su nombre para el catálogo. También nació aquí la «obra de San Vicente para la atención de los presos».
Recordemos que durante un tiempo atendieron el seminario diocesano de San Carlos, pero pronto tuvieron que dejarlo, muy a su pesar y al de los sacerdotes y de los seminaristas.
Esta fue la iglesia de la Merced que en 1909 fue declarada Monumento Nacional.
La segunda comunidad se instaló en el Convento de San Francisco en la ciudad de Santiago (1884). También aquí tuvieron que hacer grandes reformas, aunque un terremoto posterior les deterioró gravemente todo el edificio y tuvieron que volver de nuevo a arreglarlo. También esta iglesia ha tenido una historia importante, sobre todo, siendo arzobispo San Antonio María Claret.
Más tarde, llegó la fundación en Matanzas (1892) con el famoso colegio del Sagrado Corazón de Jesús y la parroquia de la Milagrosa. En 1907 se crea la comunidad de Guantánamo. La siguiente será en Baracoa (1911). Aquí estaba la famosa Cruz de la Parra, de madera castellana, que en 1523 plantó Cristóbal Colón y que tuvieron que proteger con adornos metálicos para que no le sucediera lo que al «Lignum Crucis». Esta comunidad atendía la parroquia de la Asunción, que fue la Primada de la isla. En 1917 asumen la parroquia de San Luis, a unos 30 kilómetros de Santiago. En 1927 se crea la parroquia de la Milagrosa en el barrio Santos Suárez, de La Habana. En el año 1945 la de Caibarien y luego la de Meneses. En 1955 se abrió la apostólica de Matanzas, pensando en las vocaciones nativas que vendrían a suplir a los padres que hasta ese momento venían de España.
En este momento la Provincia de Cuba vivía su edad dorada. Creo que eran unos 56 misioneros en nueve casas. Nadie podía sospechar, ni prever, la tormenta de la Revolución.
2.° LA REVOLUCIÓN DE 1959
Todos aquellos proyectos y todas aquellas maravillosas realidades quedaron arrasadas como si hubiera pasado un terremoto. Fue un golpe mortal para la Iglesia, para las comunidades religiosas y, claro está, para los padres y las hermanas. Bien es cierto que algunos creyeron en sus bondades con la caída de dictador Batista, porque se prometían grandes reformas sociales para las clases más pobres. Pero al presentar la Revolución su verdadero rostro, muchos se acordaron de los mártires de 1936 y los Superiores Mayores dieron la orden de volver a España para evitar males mayores. Los que se quedaron, también acabaron marchándose al recibir órdenes de salir inmediatamente. Recuerdo ahora la famosa frase del P. Chaurrondo: «alii fugerunt, aliifu-gati sunt»; es decir, unos salieron y otros fueron obligados a salir. Unos se fueron a Venezuela, otros a Puerto Rico o México, y la mayoría, en el crucero Covadonga, hacia España. El recuento final fue descorazonador para el que quedó al frente de la Provincia, P. Julián Pérez.
3.° CAMINANDO POR LA SENDA DE LA ESPERANZA
Los que quedaron siguieron trabajando con lo que había, porque unas casas las ocupó el gobierno y otras, con sus parroquias, se las quedó la Iglesia. Sólo quedaron para los padres: la Merced y la Milagrosa en La Habana, San Francisco en Santiago y San Luis. Durante estos años, hasta el presente, han llevado las riendas de la Provincia como Visitadores los PP. Julián Pérez, Alfredo Enríquez, Pedro Vila, Carlos Bernal, Valentín Sanz, Noel Mójica y Justo Moro.
En estos momentos tiene la Provincia diez padres: cuatro españoles, tres cubanos, dos colombianos y un norteamericano. La iglesia de Santiago la atiende el P. Valentín, en San Luis están los padres Niño y Yosbel -los tres cubanos-. En Mantua, recién asumida, está el P. Ángel Garrido, que vino de Madagascar. En la Milagrosa está el P. Cuevas, el más veterano, acompañando al P. Eusarreta. Ellos atienden la parroquia con eucaristía diaria y los sábados la catequesis con unos 400 niños. Entre semana atienden, en tres comedores, a unos 170 mayores que con el destartalado autobús «la «ciudad de los abuelos» los traen y los llevan. Y pronto abrirá, con grandes dificultades burocráticas, una casita para enfermos de down. Y como en cada manzana el partido tiene un observador, el P. Eusarreta ha abierto unas «casas misión» para que se reúnan los cristianos, acompañados de un gran grupo de catequistas.
En la Merced reside el P. Visitador, Justo Moro, que dada su capacidad y buen gusto, está completando el museo ya señalado y el archivo, con todo bien catalogado. Desde Norteamérica le envían una ayuda para poder dar de comer a 70 ancianos y les está terminando una nueva «residencia de día». El P. Gilberto, además de ser superior y consejero, es el director de las hermanas que son unas 56, repartidas en unas nueve casas. El P. Gerardo es el responsable de la Iglesia, y junto con el P. Ramiro -ambos colombianos- atienden las dos capellanías. Este, además, atiende pastoralmente las cuatro cárceles de la zona, continuando la tarea de los padres anteriores. Sus experiencias son impresionantes.
Concluyo esta sucinta reseña con algunos datos eclesiales: en primer lugar, como el Concilio se celebró en plena tormenta, apenas tuvieron información, ni material para reflexionar. Fue a partir del encuentro de Medellín cuando la Iglesia cubana empezó a tomar el pulso. Su episcopado y la mayoría del clero era cubano. En 1986 se celebró el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), en el que participaron, además de los obispos y sacerdotes, una gran parte de seglares que, ante el fracaso del socialismo, volvían a la Iglesia. Incluso muchos de ellos habían combatido a favor de la misma. De allí surgió una «Iglesia misionera, orante y encarnada». Y finalmente, la visita de Juan Pablo II les sirvió para orientar sus caminos de pastoral con la famosa frase: «Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba».
«Y mientras tanto, con nuestra confianza puesta en el Señor, los Hijos de San Vicente de Paúl seguiremos caminando entre sombras, nubarrones e incertidumbres, por la senda de los misioneros que ellos trazaron y nos comprometemos a seguir su ejemplo y a continuar con la labor que ellos nos legaron para mantener viva su memoria y para que sus esperanzas no queden en el olvido. Esto es de justicia y este es el propósito de esta historia».
Articulo publicado en la revista ANALES de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad No. 2 Marzo-Abril 2010 España
