Que en nuestra sociedad también nosotros seamos signo de hospitalidad y de integración
El
número de católicos en Inglaterra aumenta año tras año con la llegada de migrantes procedentes de diversas partes del mundo quienes se integran a la Iglesia local por medio de las “capellanías étnicas” creadas para acogerlos. Las capellanías son atendidas por sacerdotes de los propios países de los migrantes, quienes acompañan a sus comunidades en sus propias lenguas.
La Iglesia Católica en Londres se encuentra dividida en la Arquidiócesis de Westminster, la Arquidiócesis de Southwark y la Diócesis de Brentwood. Cada año sus Obispos se encuentran con los migrantes católicos y sus capellanes.
El pasado 3 de mayo, se concentraron casi dos mil católicos de muchas etnias, para la celebración de la tradicional misa de los migrantes trabajadores, en el marco de la fiesta de San José Obrero.
Presidida por Monseñor Vincent Nichols, de la Arquidiócesis de Westminster; la celebración comenzó con una gran procesión en la que participaron feligreses de cada una de las delegaciones, luciendo trajes típicos, cantando en sus propias lenguas y portando banderas y pancartas alusivas a sus capellanías. En la Eucaristía estuvieron presentes los alcaldes representantes de diversas zonas de Londres, Embajadores y diplomáticos de varios países de Europa y de otros continentes.
Monseñor Vincent en su homilía, se dirigió a los presentes demostrando el aprecio que tiene por los migrantes y ofreciéndoles la Iglesia como su casa. Con la alegría de ver la Catedral llena, dijo, "Ésta es una catedral grande, pero es apenas lo suficientemente grande para todos nosotros. Tal vez lo que necesitamos es una gran tienda, una tienda de campaña sin limites, de manera que todos pueden circular libremente y andar en todas las direcciones. Eso sería genial!
De hecho, ustedes saben bien, que cuando San Juan escribió acerca de la venida de Nuestro Señor, llamó a la humanidad de Jesús, su venida entre nosotros, la tienda de Dios. Jesús es el tabernáculo de Dios. En El, Dios puso su morada en este mundo, para que todos puedan encontrar un hogar, entrar, y ser acogidos.
Esto es lo que celebramos en esta ceremonia: la presencia de Jesús, el tabernáculo de Dios, aquí entre nosotros, que nos congrega, nos enseña que pertenecemos a El. Él nos enseña el don de la hospitalidad, y esta es la lección que debemos aprender: que en nuestra sociedad también nosotros
seamos signo de hospitalidad y de integración”.
Monseñor Vincent, haciendo referencia a la fiesta de San José Obrero, afirmó: "Hoy pensamos particularmente en la importancia y el valor del trabajo. La primera lectura, del libro del Génesis, ha descrito la obra de Dios para nosotros. De esta manera se levanta el velo sobre el verdadero significado de nuestro trabajo. Nos enteramos de que en la obra creadora de Dios se expresa algo de sí mismo, de modo que su obra lleva la imagen de Dios mismo. Lo mismo ocurre, en menor medida, con nosotros. Todo nuestro trabajo, ya sea voluntario, casual o pagado, lleva nuestra marca, nuestra imagen.
No importa qué es lo que tenemos que hacer; no importa si parece que nadie lo ve o si no se aprecia... Siempre podemos y debemos dar lo mejor de nuestra capacidad y que lleve nuestra marca y nuestro sello".
La solemnidad litúrgica se engalanó con la presencia de la Comunidad de Nigeria: algunos de sus miembros llevaron las ofrendas entre cantos y danzas propias de ese país. A su vez, la Acción de Gracias estuvo a cargo de un grupo de niños vietnamitas: ataviados con trajes típicos de su país, danzaron, ofreciendo al Señor arreglos florales.
